Desnudar las cosas

por Cecilia Fiel

Todo está en calma y en silencio; los objetos, protagonistas de la escena, están allí develándonos su naturaleza e inquietándonos. Casi como en el mito de Zeuxis, aquel pintor griego del siglo V aC., queremos picotear una de las frutas de Martín La Rosa como aquel pájaro que confundido por la ilusión de la representación duda posarse entre las uvas de verdad y las representadas. Así es que nosotros también quedamos atrapados de la ambigüedad aparente entre la ilusión de la pintura de La Rosa y la realidad.

Sus naturalezas respetan la misma escena, sobre la mesa cubierta por un mantel blanco y sobre fondos pasteles yacen las naturalezas del mundo de La Rosa. Gracias a su rigor técnico y a su precisión detallista los objetos representados parecen llegar al límite entre la obra y la realidad. Así es que estos objetos ganan en realismo y parecen ser expulsados del lienzo.

Las obras expuestas en esta oportunidad son el punto de llegada de la progresiva síntesis compositiva que lo lleva de realizar naturalezas de pocos elementos. Así es que los escasos objetos representados ganan en presencia; los membrillos, los limones, las manzanas, las cebollas y las transparencias de los vidrios cobran vida y abandonan el mundo de lo inanimado. Es por esta razón que a estas naturalezas bien vale llamarlas ¨vidas silenciosas¨ como las entendió Giorgio de Chirico. Lo mismo puede decirse de sus retrato, la exactitud con que el artista se detiene en el gesto y la expresión del dibujo hace que sus rostros pesan las mismas características que sus naturalezas.

Frente a sus obras sólo necesitamos tiempo para contemplarlas y permanecer en nuestra experiencia perceptiva que rápidamente es atrapada por la ilusión. Sus obras nos permiten salir de nuestro automatismo perceptivo y desocultar al objeto en su esencia, ¨desnudarlo¨. Así, lo representado por La Rosa nos posibilita reflexionar sobre la naturaleza de las cosas y del hombre y tener la experiencia de redescubrirlos. Para de Chirico se trataba de escuchar la voz de las cosas ¨que nos invitan a entrar en contacto detrás del biombo inexorable de la materia¨.

La naturaleza y los retratos yacen en un tiempo detenido, en la captación de un instante cualquiera. La atmósfera que envuelve su pintura va más allá que lo que dice el ¨paisaje¨, es el afecto del artista por esas cosas lo que imprime en su obra un halo de soledad. En nuestra percepción de la atmósfera lo que nos toca desnudar es el tiempo; así lo hacemos patente y lo vivimos.

En sus naturalezas La Rosa nos alerta del peligro de equivocarnos y picotear la uva pintada al ubicar en escena un bastidor invertido, la cita textual de grandes obras de la historia del arte y su propio autorretrato.

Al fin de cuentas el interés del artista es el ¨retrato¨de las cosas. Así la naturaleza muerta deviene en un retrato que habla sobre la naturaleza y que dice a través del arte lo que en la realidad esconde. Sólo se trata de desnudar sus obras.