Martín La Rosa y su singular oda al retrato

por María Carolina Baulo

El joven artista rinde un homenaje a grandes maestros de la pintura occidental y a sus mujeres más célebres

De entrada, ‘La cita’ sumerge al espectador en un universo visual que obliga a establecer un puente invisible con un pasado lejano donde se celebraba la exquisita factura de la pintura renacentista. Habiendo estudiado los originales de aquellas obras citadas por La Rosa en forma de homenaje, sus imágenes contemporáneas se fusionan con intervenciones, en un alarde de excelencia técnica y con un conocimiento acabado de los referentes. El resultado emociona desde múltiples puntos de vista. Este joven artista se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredon y con estudios en Italia.

Frente a las obras que componen la muestra de la galería Otto, que sigue hasta el 12 de agosto, el espectador se encuentra elogiando “a un Leonardo” y rápidamente toma conciencia que lo que está  viendo no es el óleo de La Gioconda sino un trabajo que se maneja con escalas y fragmentaciones, si bien conserva la línea, el dibujo, la retícula, el estudio exhaustivo de los rostros, paleta y contrastes que armonizan con la proporción aurea escondida equilibrando la estructura interna de la obra. Piezas tan conocidas como La joven de la perla, de Johannes Vermeer, La dama del armiño, de Da Vinci, y retrato de Giovanna Tornabuoni, de Doménico Ghirlandaio, entre otras, integran un corpus que no siempre respeta los formatos originales; en ellos el artista hace participar activamente el vacío y el silencio entre cada una de las partes, que al fin se perciben como un todo compacto, homogéneo.

El gran dibujante Eduardo Stupía, curador de la muestra, destaca que al espectador lo impacta “la insólita irrupción en el ámbito de una galería contemporánea de piezas que reproducen extraordinarias pinturas pertenecientes a la gran época del género retrato, es decir el período comprendido entre la Baja Edad Media y el Siglo XXII”.

Y exactamente eso le sucede a la mirada cuando se abalanza sobre las imágenes buscando completar los espacios y cerrar las formas, creyendo encontrarse ante los grandes maestros. Sin embrago, nunca puede apartarse del todo de las licencias que establece La Rosa para lucirse y dejar su huella: primero se apropia de una imagen para luego replicarla e intervenirla con ornamentos, calados, colores alterados, fragmentación y cambio de escala. El curador también advierte que el título nos da pistas sobre si debemos pensar en los distintos modos de “citar” a alguien o algo: el encuentro físico con el otro, la referencia al otro y finalmente la pintura que establece una auto reflexión. En esas citas que el artista tiene con mujeres que pareciera conocer de toda la vida, establece una conversación dejando al espectador participar de un acto privado, íntimo, de miradas cruzadas sin tiempo y en el tiempo.

“Al comenzar a trabajar para esta muestra, hace un tiempo, sentí que era necesario seguir la línea de trabajo que inicié hace tiempo atrás para una muestra en el Museo Caraffa -cuenta La Rosa-. Ahí surgieron La Gioconda, La infanta María Teresa de Velázquez, el Retrato de una dama de Petrus Christus. Iban apareciendo en mi cabeza de a una y así la necesidad de trabajar con ellas se hacía más intensa. Cuando hablo de la obra, empiezo a descubrir el porqué. Es un homenaje al retrato, a la mujer principalmente, a las obras que me marcaron; trato de transmitir a través de la pincelada las enormes e infinitas sensaciones vividas ante cada una de estas pinturas. Terminar de descubrirlas por medio de la copia e intervenirlas de diferentes formas para hacerlas propias…’Citar’ estas obras es un camino para mí maravilloso, un juego intenso y apasionante”.

Algo queda claro: Martín la Rosa nos presenta obras que deslumbran a la mirada. Pero la ilusión y aparente comodidad del Quattrocento italiano y los “Primitivos Flamencos” –parafraseando a Panofsky- se desvanece en un trabajo donde hay muchos más elementos desconcertantes de los que percibimos a simple vista.